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BlueMonk Moods | 21.05.2009
Cuando la popularísima NG La Banda se presentó por primera vez en Miami, en 1998, José Luis Cortés, el carismático líder de la agrupación, me invitó a escuchar los ensayos en el Teatro Cameo de Miami Beach. Ya conocía de antes al también enigmático "El Tosco", al que saludaba cada vez que iba a La Habana para ver lo que se deja ver y bailar con el grupo hasta donde el cuerpo (y la vergüenza) aguantara. Pero escuchar a NG ensayar en Miami me dio otra perspectiva de los músicos cubanos.
Todavía lo recuerdo clarísimo. Había llevado conmigo a una amiga gringa que aún no se había enamorado de la timba (ni de los negros timberos) pero sabía apreciar el potencial de la buena música. Al escuchar que la sección de vientos de NG calentaba los motores, mi amiga exclamó: «¡Pero si están afinando con Mozart!». No se equivocaba porque, en efecto, "los metales del terror" solían calentar con Mozart y Bach. Más tarde, al observar al cantante Tony Calá hacer indicaciones en una partitura operática, mi amiga me dijo por lo bajo: «Apuesto a que ese negro es violinista». Tampoco aquí se equivocaba, puesto que Calá fue violinista antes de darse a conocer como cantante.
Lo desatinado, sin embargo, fue su pregunta final, que yo preferí dejar entonces en el aire: «¿Cómo es posible que los músicos cubanos toquen música popular con tantos conocimientos de la música clásica?» Aquí va una respuesta parcial: porque los músicos cubanos apenas cogen lucha con la comemierdería de separar lo uno de lo otro. La buena música lo es por encima de sus divisiones. No voy a decir que todos los músicos cubanos saben moverse o están dispuestos a moverse por un amplio mapa de músicas. Pero es posible apreciar en ellos un gusto sin prejuicios por encontrar en cada género algo que les permita enriquecer el oficio, desafíar al oyente y alimentar eso que los músicos jamás deben abandonar: la curiosidad.
Claro que en la pregunta de mi amiga hay también un pequeño comentario en entrelíneas: la idea de que el color de la piel determina la cultura musical de los músicos. Es decir, los negros son rumberos bona fides mientras los blancos tiran para cualquier cosa, menos para el solar. Lo que constituye, desde luego, una soberana idiotez.
En todo caso, este video de la Camarata Romeu me ha puesto a pensar en lo maravilloso de borrar las fronteras musicales. O mejor: en la idea de buscar esos puentes que delatan la prodigiosa imaginación de los músicos. Yo estoy seguro que otros pueblos, tal vez más lúcidos, se divierten poniendo a circular esa divisa. Yo lo aprecio como algo común entre los músicos cubanos. Dicho sin ánimo de joder, pero con el orgullo de alguien que se considera un cubano honoris causa. |≡|
NOTA — Ya conocía a la Camerata Romeu, cuyo trabajo merece una mejor divulgación. Pero el descubrimiento de este video se lo debo a mi amigo Juan-Sí, extraordinario artista cubano. Va dedicado a mi hermano Adalberto Delgado, rumbero par excellence. |≅|
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